El tema de los derechos de autor, sobre todo ahora, es un tema que me atrae bastante; se mezclan ahí ingenieros con músicos y, sobre todo, gente que ve eso como un filón para forrarse en muy poco tiempo.
Aunque lo más curioso de esto es cómo se implica la gente emocionalmente en ello; se tiran de los pelos (literalmente) en mesas redondas, se insultan por la tele, se hacen más manifestaciones que para parar la guerra, se crean partidos…se nota que hay “artistas”(con muchas comillas) de por medio.
El caso es que sobre esto tengo contacto con varios puntos de vista ; músicos que graban discos; la opinión general en teleko, Joan Ridao ( :p) y una de mis mejores amigas, Violeta, que es toda una señora letrada y se dedica exclusivamente al tema de los derechos de autor (la que me suele ilustrar sobre el tema, porque siempre la suelto barbaridades y meteduras de pata por todos los lados a la pobre). Y bueno, lo que sale en la tele/periódicos, pero eso ni cuenta. Y, cuando veo todo ese conglomerado, me doy cuenta de que los que ponen más pasión y dan más guerra son los que menos saben de lo que están hablando.
Último follón gordo con este tema en España: el caso del programa Manolito. Pablo Soto, un tío que ha hecho un programa tipo eMule para bajarse archivos, ha sido demandado por las discográficas. ¿Cómo nos lo han vendido? Como un pobre chico que ha desarrollado un software libre que no tiene ni un duro y le ha caído una demanda tremenda. ¿Qué pasa en realidad? Que este tío tiene un morro que no puede con él. El pobre chico se ha ganado una fortuna (escondida en algún paraíso fiscal) por toda la cara, y encima ha conseguido que la opinión pública se ponga de su lado (si los periodistas supieran de lo que hablan quizás no pasaran estas cosas…)
En fin, que aquí lo que importa es ganar pasta, como en todos los lados. Y cuanto más rapido mejor.