Él vivía feliz.
En su mundo. Pequeño, simple, pero su mundo.
Y le encantaba. Sabía dónde estaba cada cosa, conocía todos los rincones. Hasta el más mínimo detalle.Sentía que era el rey. Porque nadie más conocía tan bien su mundo.
Pero un buen día, al intentar clavar una punta en la pared, hizo un agujero demasiado profundo. Tan profundo que vió que al otro lado había luz.
Ayudándose del clavo hizo el agujero más grande. Lo suficiente como para poder ver con claridad lo que había en la otra parte.
Una inmensidad lo deslumbró: valles verdes y floridos; ríos y acantilados preciosos; y un extraño fluído que invadió sus oídos y que le hizo sentir lo que nunca había sentido.
Con ayuda de un cuchillo hizo el agujero del tamaño de su cuerpo, y pudo atravesar la pared.
Entonces se dió cuenta de que toda su vida había estado viviendo en una caja de cartón .
En un momento vió que todo su mundo era tan sólo un minúsculo rincón del universo.
En un momento vió que no era un rey, sino un pobre mendigo ignorante.