Para los pocos que no fuistes porque estábais lejos o no pudísteis, aquí os dejo unas fotillos (fer, al final te vas a meter fotógrafo en vez de teleco
).
Poco se puede decir de estos momentos. Hay que estar allí para enterderlos. Gracias a todos.

Para los pocos que no fuistes porque estábais lejos o no pudísteis, aquí os dejo unas fotillos (fer, al final te vas a meter fotógrafo en vez de teleco
).
Poco se puede decir de estos momentos. Hay que estar allí para enterderlos. Gracias a todos.

El secreto de sus ojos. Y de los míos, y de los tuyos : Puedes cambiar tu cara, tu nombre, tu calle, tus amigos. Puedes cambiar todo. Todo menos una cosa: tu pasión.
El secreto de Glazounov: el tempo estable, la calma dentro de los arpegios llenos de pasión.
¿Y el secreto de C? Tener paciencia y, sobre todo, a Adri al lado.
El secreto de tus ojos me lo dirán unas cuántas cervezas

Ahora suena [Damien Rice: 9 crimes]
Dedicado a todos aquellos que no me hacen más que dar la vara para que escriba algo sobre qué coño estoy haciendo con mi vida :p
Quizás tenga razón mi profesor de banda con eso que dice cuando se enfada: “desde luego que del conservatorio no salen músicos; no hay más que veros.”
Desde luego que la educación musical en España falla y mucho. Nadie te acerca la música de verdad cuando eres pequeño, a no ser que tus padres sean músicos y tengan paciencia; yo la descubrí por casualidad, sin querer. Y nadie pretendió que fuera una gran saxofonista nunca…quizás por eso ahora es lo que quiero hacer.
Yo, como la mayoría de mis compañeros en mi conservatorio, que nos matamos por el saxo, hemos seguido una educación musical ‘rara’. No hemos pisado un conservatorio hasta los 17 años. Casi nadie ha aguantado desde pequeño allí. Creo que eso ya dice mucho. Y lo dice también este artículo.
Y es que, ya sé que alguno quizás no lo entendáis pero, me parece taaaaan importante tener una mínima educación musical…te da demasiadas cosas que no te da nada más. Absolutamente nada (lo he comprobado).

Mis dos mundos juntos, bioingeniería y saxo :p
No fui yo. La verdad que no se me hubiera ocurrido meter el saxo en los rayosX. Se le ocurrió a una amiga, que me hizo uno de los regalos más originales que me han hecho nunca
A veces pasa (al menos a mi) que sólo escribes en el blog sobre cosas que normalmente no haces; cosas que te distraen o te entretienen un rato. Pero casi nunca escribes de cosas que haces habitualmente, cada día. Y son sobre las que más debería escribir, ya que son las que más domino.
Por eso se me había olvidado hablar de algo a lo que dedico un trocito de todos mis días: la Suite No1 de Bach.
Cuando era pequeña no me gustaba Bach. Mozart sí, me encantaba. Recuerdo que mi hermana y yo teníamos unos cuentos narrados que venían en casettes, y que de vez en cuando tenían música. “Los Duendes y el Zapatero” tenía un fragmento en el que salía un trocito del concierto para piano No21 de Mozart. Por supuesto, no teníamos ni idea que eso era de Mozart. Eso lo descubrí bastante después. Pero nos gustaba tanto, que rebobinábamos la cinta una y otra vez para escucharlo….Mozart sí… pero Bach no.
Con el paso del tiempo, cuando he ido aprendiendo a escuchar, he ido a la vez aprendiendo a entender a Bach. Y ahora me encanta. Creo que fue uno de los genios más grandes que han existido nunca.
La Suite No1 es para cello solo. Pero yo la toco con saxo. Aunque no lo parezca, el cello y el saxo son dos instrumentos muy parecidos(en lo que al sonido se refiere). Siempre he dicho que si no hubiera tocado el saxo entonces habría tocado el cello.
Bach escribió 5 suites (suite= colección de danzas) para cello solo. Las escribió cuando trabajaba en la corte en Köthen. Es muy extraño escribir para un instrumento melódico solo. Y muy difícil. Tienes que conseguir insertar la armonía en la melodía; hacer dos y tres voces en una, y conseguir que el oído se quede con los acordes aunque sólo tengas una voz. Pero Bach lo hizo. E increíblemente bien…ya os lo he dicho: era un genio.
Son difíciles de componer. Pero también de interpretar: todas esas voces que discurren por una sola tienes que hacer que suenen, que el oyente las escuche. Sin que quede extravagante ni desequilibrado. Y transmitiendo, a pesar de todas las dificultades técnicas y los problemas de afinación, todo lo que esa música tiene dentro. Es decir: tienes que ser capaz de controlar muy bien mil cosas, para no tener que pensar en ellas y dedicarte sólo a pensar en la música.
Pero me encanta. Más de un día me he fastidiado el labio porque no podía dejar de tocarla. Y no me canso nunca. Al contrario, cada vez me gusta más.
Os dejo la parte más famosa, el preludio. Aunque a mi el que más me gusta es el minueto II.
Para todo aquel al que le apetezca escuchar un buen concierto de una banda sinfónica, va a tener tres oportunidades para hacerlo: la Banda Sinfónica Joaquín Turina tocamos el domingo 16 por la tarde en el Auditorio de Alcorcón, el jueves 20 por la tarde también en el Auditorio de Getafe, y el viernes 21 a las 22:30 en el Auditorio Nacional. Por supuesto, os recomiendo que, si podéis, vayáis al último. Las entradas son muy baratas, de 3 a 9 euros, y el dinero recaudado es para una ONG.
Hace unos cuatro meses lo último que me imaginaba es que ahora iba a volver a tocar en el Auditorio Nacional, y menos en la sala sinfónica. Pero ya veis…no digáis nunca nunca.
Pero claro, tocar allí no se regala. Me he quedado ya sin un fin de semana, y todavía queda otro y el jueves y el viernes siguiente. Me quedo sin descansar, y sin poder salir hasta las mil, pero a cambio tengo un montón de cosas que normalmente no tendría:
En la banda casi todos los que tocan son profesores y profesionales (es decir, que tocan muuuuy bien), excepto cuatro gatos de los conservatorios que estamos por allí. Tocar con esa gente es un lujo (no sabéis lo que te hacen espabilar). Y, por supuesto, he conocido a unos cuántos saxofonistas que antes sólo conocía de vista.
También por primera vez he visto cómo se ensaya en una banda seria: ensayos saxos solos, parciales de viento madera y ensayos generales. De menos a más. Y al final, por increíble que parezca, 150 personas son capaces de tocar juntas para hacer un todo.
Lo malo es eso, que estoy hecha polvo, y llevo dos días soñando con compases irregulares y alteraciones accidentales (no es coña). Y ahora sí que creo que no vuelva en mucho tiempo, o quizás nunca, a tocar en el Auditorio. Así que más os vale que me vayáis a ver :p
Ya os dije que venía a tocar a Madrid, y fui a verle. Y la verdad que casi le matamos entre todos.
Bornkamp es un hombre al que le encanta experimentar e investigar, y eso me encanta. Pero no todos los experimentos salen bien.

Lo que hizo el viernes fue poner una boquilla metálica(sí, de esas que abren un montón) en un soprano antiguo, y metió un tornillo en la campana. Esto lo hizo porque tocó una sonata preciosa para oboe de Poulenc, de los años 60, y quería rememorar el sonido del saxo en aquellos tiempos. También tocó la Partita de Bach para flauta.
El resultado: la Partita fatal; se notaba que lo estaba pasando mal (lo que es normal con esa boquilla; no sé ni cómo lo podía hacer sonar con un sonido clásico, a pesar de todo): las emisiones eran sopladas, los armónicos no salían, ligaduras que se cortaban…creo que estábamos todos sufriendo con él en vez de disfrutando.
Y la Sonata…pues tenía los mismos problemas de antes pero, es Bornkamp. Tiene una musicalidad que me encanta. Y que destacó por encima de los fallos técnicos a pesar de todo. Él disfrutaba, aunque no le salieran las cosas exactamente como quería. Y eso lo transmitió. Son estas cosas las que sólo las pueden hacer los grandes.
También tocó Antonio Felipe Belíjar pero otro día hablo de él que si no esto queda muy largo