Estoy leyendo un libro formado por ensayos que tratan sobre Elliott Carter y algunos escritos por él mismo. Recordaréis , de un post escrito no hace mucho, quién era este hombre, ¿no?
Pues el caso es que no sólo sabe escribir bien música; también palabras. Claro, sencillo y bien estructurado, y con una visión de la vida de casi 100 años.
Así que es lógico que ideas y visiones del mundo en las que yo me pierdo, él las tenga clarísimas y sea capaz de expresarlas de forma que se le entiendo perfectamente.
Entre ellas, la relación de la música vista como arte (no como un simple entretenimiento) con la sociedad capitalista y consumista en la que vivimos.
Todo vale dinero. Es la medida de todo. Y estamos llegando a unos extremos en que incluso las muertes o las enfermedades se miden en pérdidas o ganancias. Y lo peor de todo es que nos empieza a parecer normal.
Con la música pasa lo mismo: hay que convertirla en dinero. Es más, en dinero rápido. Es decir, en éxitos.Pero que una obra tenga éxitos no quiere decir que sea buena. Más bien al contrario. El público casi siempre se suele equivocar, y suele apreciar más la publicidad, dónde se toque la obra y quién la toque que la propia obra en sí.
Pero necesitamos obras buenas; es la única manera de que el público no se acabe aburriendo (a pesar de que en un principio no lo aprecie) ni de que los intérpretes pierdan su nivel ni interés. Ni de que los compositores se sigan esforzando en buscar obras maestras en vez de obras “de taquilla”. Y las buenas obras no van a producir dinero rápido, porque , en un principio, las buenas obras “no sirven para nada”, desde el punto de vista actual.
¿Qué pasa? Que hay un problema. Y es similar al problema del leñador que en un día tala todo el bosque. Y la solución es concienciar al público, a los intérpretes y a los compositores de que el trabajo bien hecho es necesario, aunque en un principio no seamos capaces de ver su utilidad.
Quizás internet ayude un poquitín a todo esto; quizás la red sea capaz de eliminar el dinero de por medio, y dar a la música la libertad que necesita…aunque, de momento, internet no está consiguiendo cambiar los gustos de la gente. Esa es una tarea fundamental de los conservatorios, las escuelas de música y los colegios. Como siempre, es una cuestión de cultura, que cada vez parece que la olvidamos más.

portan como ellos. Brigitte Bardot
escuchado nada de Elliot Carter, ni apenas sabía quién era!
